En nuestro país, como en casi todo el mundo, coexisten tres subsistemas en la provisión
y distribución de bienes o servicios:
- el Mercado,
- el Estado y
- el de la Economía Social.
Estos tienen tres lógicas diferentes. En el subsistema orientado por el mercado, la lógica que prevalece es la del afán de lucro y la acumulación de capital. En el estatal, la
lógica es la construcción de legitimidad y el incremento del poder político. En el sector
de la economía social lo que se propone es asegurar el nivel y calidad de vida ampliada
para sus miembros.
Si bien los tres subsistemas coexisten en el espacio y en el tiempo y
tienen fluidas relaciones entre ellos; la dinámica de cada uno es totalmente diferente.
El vigoroso resurgimiento de la economía social en la agenda pública no sólo es
reflejo de la falta de respuestas para toda la sociedad de los otros dos subsistemas,
sino también de su crecimiento real y teórico verificado.
El Siglo XXI se caracteriza, además, por una separación entre la producción y la generación
de empleo. Esto es: con la masiva incorporación de la informática, la biotecnología y las telecomunicaciones a los procesos de producción y distribución de bienes y servicios, hoy se produce más con menos gente. Dicho de otra forma, el crecimiento del Producto Bruto Interno
no garantiza la generación de empleo suficiente para la cantidad de personas que intentan
incorporarse al sistema. De ahí que esa vieja cuestión de que una cosa es el empleo y otra es
el trabajo, se hace más visible y relevante, demandando nuevas respuestas e instituciones.
La aparición de numerosas formas de “ganarse la vida” nos invade y con ella la necesidad de recuperar un destino colectivo. En otras palabras, los proyectos individuales de
miles de pequeños emprendedores, logran un nuevo sentido (y mayor eficiencia) si
son ensamblados de manera asociativa. Este es también el rol de la Economía Social.
La Argentina afronta grandes desafíos para lograr un desarrollo económico y social justo, sostenible y continuado. La Economía Social tiene un rol imprescindible en la
consecución de ese cometido.
Desde estas miradas, también se refuerzan las ideas del “desarrollo local y regional” como procesos inducidos y donde las distintas manifestaciones de la Economía Social desempeñan un rol central, no solo económico y laboral, sino también
cultural, político y social, desde que se trata de una economía que “crea sociedad”.
Son los protagonistas de estos procesos aquellas personas, instituciones sociales,
gobiernos que coexisten en el territorio, en el lugar donde ocurre la vida, no los que
se mueven por el espacio.